Una característica compartida por todos los animales es la curiosidad. Y los humanos no somos una excepción. Tendemos a buscar respuestas a todo lo que pasa a nuestro alrededor. A veces las dudas que nos asaltan tienen una explicación evidente y no suponen ningún misterio, pero otras nos desconciertan. Y en estos casos preferimos tener una explicación vacía de contenido a no tener explicación. Creer en algo sin tener pruebas de ello es obsoleto y peligroso, y sin embargo lo hacemos a diario. Somos crédulos por naturaleza y por eso llegamos a creer en cosas como que hacer los exámenes siempre con el mismo bolígrafo o con una misma prenda de vestir nos traerá suerte. Y esto es así porque nuestras creencias se apoderan de nuestra mente hasta tal punto que definen nuestra visión del mundo, nuestros deseos, miedos, definitiva, nuestra conducta. Ya lo dice el lenguaje popular: la fe mueve montañas...
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